Es fácil rendirse a la tentación de vivir en el paraíso. Todo tiene su brillo. Las piedras están puestas estratégicamente. Me pregunto en qué momento crecen los árboles... son siempre del tamaño ideal, como si su altura estuviera programada. Y las hojas no se llenan de tierra. El cielo está siempre azul, y cuando aparece una nube, un viento agradable se ocupa de apurarle el paso. El silencio es un telón de fondo que deja escuchar cada uno de los movimientos, incluso el más sutil. Cuánto placer junto. Cómo hacer para vivir cuando uno cruza el límite de este universo cuidado con tanta irrealidad. Es demasiado pronto para este paraíso. Así como el dolor te vuelve insensible a los placeres, igual es al revés. ¿Cómo ignorar las realidades que están a menos de una siesta de distancia?
Me voy. Me vuelvo a las piedras de las calles rotas, a los cielos grises, al hollín, a lo desparejo y al sinsentido, al alboroto, al sonido de las voces que se hacen oír y de los besos ruidosos, a las manos que cocinan y se encuentran, a la lucha diaria por los que amamos, a los abrazos envolventes, a la flor de piel, a la carne viva, a la sangre que corre en mis venas.
lunes, 8 de octubre de 2007
lunes, 3 de septiembre de 2007
Sobre mis amores
Vísperas de mi viaje al país del norte. Sorprendentemente, no le temo. Algo dentro de mí me dice que lejos de transformarse en mi pasado, seguiré viendo a mi gente querida de allá periódicamente. Si esta sensación es producto de mi deseo, no importa. El presente se está transformando en mi mejor amigo. Y quienes quiero forman parte de él, estén cerca o lejos. A pesar de las montañas rusas emocionales, hace meses que no siento aquel vacío tan hueco. Mi vida acá aún no ha tomado forma, pero nada altera mi paz con relación a la vuelta. Así debe sentirse estar en una relación amorosa (plena) con alguien más de la mitad de tu vida. Mucho mejor que un estado de enamoramiento. La sensación de que el otro estuvo desde siempre. El esfuerzo muchas veces inútil por recordar como solía ser uno sin el otro.
viernes, 31 de agosto de 2007
martes, 28 de agosto de 2007
Aunque duelan las plantas de los pies
Yo no tengo un buen referente de pareja ni de familia, pero tengo ganas de aprender. No sabés las ganas que tengo de aprender. Sigo en el camino, intentándolo.
lunes, 27 de agosto de 2007
domingo, 26 de agosto de 2007
Mientras no tengo la púa ni el sintoamplificador
Me imaginaba que reencontrarme con los discos traería recuerdos que ya no existen en lo cotidiano. Finalmente me senté en el piso y empecé a saludarlos, uno por uno. Algunos me trajeron recuerdos del amor cuando uno empieza a descubrir lo que es ser vulnerable; otros del dolor que viene de la mano del amor a pura víscera. Otros discos me trajeron imágenes de fines de semana enteros escuchando música… sola, con mi hermano, con amigos. Las canciones decían lo que nosotros no podíamos decir, explicaban lo que no entendíamos, nos distraían de lo que no tenía sentido, nos abrazaban cuando parecía no haber alas. Discos que marcaron épocas en las que yo aún no existía, discos que nunca escuché, discos en los que nunca me había detenido mucho tiempo y que ahora son los primeros que quiero escuchar, discos que me despiertan una sonrisa llena de ternura al preguntarme cómo pude haberlos elegido alguna vez.
sábado, 11 de agosto de 2007
Sin pie de plomo
Al decidir mi vuelta a la Argentina (o antes) me preparé mentalmente para el gran cambio. Sabía que vendrían meses y meses de ajustes e inestabilidad. Pero la preparación mental nunca es suficiente. Los cambios se sienten como huracanes (o más bien como tornados). Entonces, me pregunto: lo que cuesta tanto, ¿es la adaptación al nuevo entorno? ¿Al nuevo estilo de vida? ¿A la cultura de nacimiento? ¿O al haber mirado de frente el miedo y haberlo aplastado? Porque cuando uno deja de poner obstáculos y se larga en caída libre y cae y no se muere, ya no hay lugar para el miedo. Ya todo tiene sentido, y nada. Nada importa, y todo. Pero entonces, ¿es posible tener miedo a no tener miedo? No creo. Debe ser miedo a otra cosa.
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